Desigualdades de género en la infancia latinoamericana

Pobreza y desigualdad, Nuestras publicaciones, Género

Identificando el panorama en América Latina y su transformación hacia la equidad

Aunque la experiencia de ser niña es muy diversa en su intersección con otras categorías sociales como la etnia, el grupo socioeconómico, la identidad de género, condiciones de discapacidad, estatus migratorio, etc., la desigualdad de género se manifiesta desde los primeros años de vida de las mujeres. Sus expresiones son múltiples: violencia sexual, física, psicológica, económica; maternidad y uniones infantiles; el ejercicio no remunerado de trabajos domésticos y de cuidado (que para las mujeres implica el doble de tiempo, en comparación con sus pares varones) o múltiples limitaciones en el ejercicio de los derechos sexuales.

La niñez es una etapa que implica el ejercicio de derechos que condicionan el futuro de las niñas. Así se evidencia la importancia de implementar acciones con perspectiva de equidad que incluyan al género como categoría analítica, desde los primeros años. Éste ha sido el planteamiento de Equidad para la Infancia, para poner en el centro el bienestar de la infancia, tomando en cuenta las distintas condiciones de desigualdad, en propuestas y recomendaciones de política pública.

La inequidad de género se manifiesta desde los primeros años. Esto es evidente al estudiar datos estadísticos, prácticas culturales, normativas legales, políticas económicas y en la mayoría de los ámbitos de las relaciones humanas. Las desigualdades de género se sustentan simbólicamente a partir de relaciones de valor y de poder entre lo femenino y lo masculino, que desfavorecen a las niñas. Desde la infancia se aprenden de manera binaria los espacios y las actividades que corresponderán a mujeres y a hombres[i]. Las diferencias de género se refuerzan a través de juguetes y juegos, la vestimenta, colores, cortes de cabello, etc.

Desde la socialización escolar se reproducen estas concepciones binarias y diferenciadas, la inequidad se refleja en dinámicas curriculares y extracurriculares[ii] que se traducen en desigualdad y exclusión y que desconocen los derechos de otras identidades de género.[iii] Las niñas son cuestionadas si practican ciertos deportes y los varones si se involucran en actividades artísticas, por ejemplo. Las mujeres aprenden en la escuela que los espacios centrales y más amplios como patios y canchas deportivas pertenecen a los varones, mientras que ellas generalmente quedan relegadas a jugar en espacios periféricos.

Por otro lado, aunque ha habido pequeñas trasformaciones, los juguetes marcan la pauta de los roles de género esperados para mujeres y varones. Los juegos “para niñas” les enseñan a cuidar de otras personas, a ser madres y a realizar trabajos del hogar; mientras que la oferta de juguetes “para varones” invoca roles profesionales más amplios y refuerza estereotipos de violentos a partir de juegos bélicos y con referencias militares.[iv]

Uno de los cambios que se ha observado en este ámbito es que la oferta de productos lúdicos y de entretenimiento dirigida a las niñas ya no solo incluye la idea de la mujer destinada al espacio doméstico (la cual permanece en mayor medida), el mercado de juguetes que representan la profesionalización e independencia de las mujeres ha aumentado, pero se le han sumado productos que plantean estereotipos hipersexualizados.[v] Ya en 2007 la Asociación de Psicología Estadounidense (APA) publicó un documento en el que denunciaba esta tendencia, que desde entonces ha ido en aumento.[vi]

La hipersexualización principalmente en las niñas se visibiliza, por ejemplo, a través de espacios como los concursos de belleza infantiles, los cuales han logrado una gran exposición en los medios masivos de comunicación.  Estos certámenes transmiten la idea, desde temprana edad, de que el calor de las mujeres está fundamentalmente mediado por su apariencia.[vii]

 

Identificando el panorama en América Latina y su transformación hacia la equidad

Algunos esfuerzos regionales para cerrar las brechas de género en la infancia han rendido frutos. Por ejemplo, en cuanto al aumento del acceso de las niñas a la educación y en la mejora de indicadores de salud como las tasas de retraso en el crecimiento y mortalidad infantil. En este ámbito, destaca el cumplimiento de la meta 3.1 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas “Eliminar las desigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria” y el número 4 “Reducir la mortalidad infantil”.[viii]

Pero a pesar de los avances, las dificultades permanecen. La materialización de la inequidad de género se manifiesta a través de un sinnúmero de problemáticas que experimenta nuestra región.

Mientras el porcentaje de hogares en situación de pobreza monetaria en la región es de 31,9%, en hogares donde viven niñas y adolescentes mujeres este asciende a 40%, aunque con diferencias importantes entre algunos países. En este contexto, la pobreza afecta en mayor medida a las niñas entre 0 y 13 años (42%) en relación con las adolescentes entre 14 y 17 años (36%), un indicativo de las mayores cargas económicas que impone el cuidado de la primera infancia, ante un déficit de respuestas públicas en esta materia.[ix]

En segundo lugar, la posibilidad que tienen las niñas de ejercer su derecho a la educación es altamente diversa en los países latinoamericanos.[x] Los quehaceres domésticos, los cuidados no remunerados y la maternidad temprana son importantes factores de abandono escolar para 13% de las adolescentes, mientras que representa menos de 1% para adolescentes varones de 12 a 18 años.[xi] Una de cada cuatro adolescentes que vive en áreas rurales y en situación de pobreza en América Latina no asiste a la escuela y trabaja en quehaceres domésticos y de cuidado no remunerados.[xii] La ocupación en los precarizados trabajos “del hogar” acrecienta la dependencia económica de las mujeres, fundamentalmente asociada con una mayor incidencia de la violencia de género.

Aunque en la mayoría de los países de la región los niños se incorporan al mercado de trabajo en mayor proporción que las niñas, en Perú y Costa Rica son las niñas quienes en mayor proporción realizan trabajo remunerado; lo cual en ambos casos afecta directamente la disponibilidad de tiempo y acceso a la recreación, como elementos fundamentales para el desarrollo y calidad de vida de la infancia, como lo establece el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN).

 

Violencia contra las niñas y las adolescentes

Aunque la recolección de información sobre violencia y maltrato infantil presenta importantes desafíos a solventar, la evidencia muestra que las niñas tienen un riesgo mucho mayor de ser víctimas de abuso sexual y son más vulnerables ante la trata, el tráfico y la explotación sexual. 1.1 millones de niñas y adolescentes son víctimas de violencia sexual u otros actos sexuales forzados en América Latina y el Caribe.[xiii]

De acuerdo con datos de la Encuesta de Acoso Callejero en Chile, las mujeres comienzan a sufrir acoso en las calles y en el transporte público desde los 9 o 10 años.[xiv] Más de 25% de las niñas de 11 países de la región “jamás” o “rara vez” se sienten seguras de camino a la escuela.[xv]

En el caso de los femicidios, la incidencia es especialmente alarmante en países como México donde más de 800 niñas menores de 14 años fueron asesinadas entre 2012 y 2016.[xvi] El Mapa Feminicidios en México, presentado en 2017, registró 111 niñas y adolescentes asesinadas con crueldad,[xvii] y se contempla que 6 de cada 10 desapariciones de adolescentes corresponden a mujeres[xviii]

Merece un capítulo aparte la profundización del análisis sobre la incidencia de la violencia contra las niñas en países en conflicto o post-conflicto, como Colombia y las naciones centroamericanas, así como en poblaciones más vulneradas, como las niñas migrantes; sobre todo mirando que las formas de violencia que enfrentan son menos visibilizadas en contexto.[xix]

Existe una fuerte asociación entre ser víctima de violencia física y sexual y la unión conyugal temprana de las mujeres: en 11 países de la región la incidencia de ambos fenómenos es mayor para quienes tuvieron uniones antes de cumplir los 20 años.[xx]

En este marco, el matrimonio en la infancia es una problemática muy presente en la región.[xxi] Una desigualdad evidente en este sentido es el establecimiento de edades diferenciales de consentimiento para legalizar una relación de pareja: entre 12 y 16 años como mínimo para las mujeres y entre 16 y 21 años para los varones.[xxii]

El matrimonio infantil se relaciona con otras prácticas y delitos que atentan contra los derechos de las niñas, como las uniones forzadas, la obligatoriedad de la dote, la servidumbre, la violencia y explotación sexual.[xxiii] De acuerdo con el Comité para los Derechos del Niño/a, el matrimonio infantil está vinculado con el embarazo temprano, problemas de salud sexual y reproductiva, reproducción de la pobreza y con una mayor carga de trabajo no remunerado.

En América Latina, más de la mitad de las adolescentes que fueron madres a los 14 años, estaba casada o en unión de pareja.[xxiv] 25% de las mujeres entre 20 y 24 años tuvo su primera unión conyugal siendo niña o adolescente y 3.4% de las adolescentes entre 15 y 19 años la habían tenido antes de los 15 años. En República Dominicana 40% de las adolescentes ha tenido una unión conyugal antes de los 18 años y un 10% la tuvo antes de los 15; en Guatemala se registraron 80 mil matrimonios de mujeres menores de 18 años entre 2012 y 2016.[xxv]

Las deficiencias en la información, educación, acceso y ejercicio de los derechos sexuales de las adolescentes en América Latina se vinculan directamente con la incidencia de estos fenómenos. Algunos países establecen la limitación de contar con autorización de tutores para el acceso a métodos anticonceptivos y pruebas de enfermedades de transmisión sexual (ETS).[xxvi] En países como Colombia, persisten prácticas de mutilación genital femenina, la cual ha causado la muerte de niñas de la comunidad Embera.[xxvii] En 13 países de la región, siete de cada diez mujeres de 15 a 19 años no tenían conocimiento profundo sobre el VIH.[xxviii]

América Latina y el Caribe es la única región del mundo en la cual el embarazo en niñas menores de 15 años presenta una tendencia ascendente[xxix] y se estima que 2 millones nacimientos anuales son de madres entre los 15 y los 19 años, con tasas de embarazo adolescente que han experimentado la disminución más lenta de todas las regiones del mundo y que sólo superadas por las de África subsahariana.[xxx]

En cinco países de América Latina, la incidencia del embarazo entre mujeres de 15 y 19 años supera el 20%, y esta aumenta considerablemente en pueblos indígenas y áreas rurales. En Brasil y Panamá dos de cada tres mujeres de 15 a 19 años en estos contextos han sido madres.[xxxi]

El embarazo temprano aumenta los riesgos de muerte prematura y es un obstáculo para el desarrollo y la autonomía de niñas y adolescentes, con consecuencias sobre de muchos de sus derechos, entre ellos: a la integridad, a una vida libre de violencia, a la no discriminación, salud, educación, vida privada, uso autónomo del tiempo.

Las principales causas de la maternidad infantil forzada son la falta de protocolos y servicios de salud amigables, confidenciales y adaptados a las necesidades de las niñas, el estigma y prohibición de la interrupción de los embarazos infantiles, las concepciones idealizadas sobre la maternidad, que limita el repertorio de posibilidades de las niñas para contemplar realidades distintas de reconocimiento y autonomía.[xxxii]

 

Estrategias posibles para alcanzar la equidad de género desde los primeros años

Así como efectivamente se han cerrado brechas de género en aspectos de salud y educación en la infancia, las problemáticas pendientes demandan estrategias que resulten efectivas en la reducción y el fin de la desigualdad entre niñas y niños.

La violencia contra las niñas requiere estrategias integrales que ataquen su aceptación cultural. Como se ha visto, el maltrato infantil en general es un tema que requiere mayor información para intervenir de manera oportuna y precisa. La división sexual desde la infancia de los roles de poder, tareas de cuidado y participación en el mercado de trabajo requiere implementar políticas que reviertan la tendencia actual que vulnera a las niñas y mujeres.

Es necesario atender el marco internacional y las recomendaciones respecto al matrimonio infantil y las uniones tempranas, tomando todas las medidas necesarias, incluidas las legislativas, para establecer una edad mínima de matrimonio. La edad recomendada por el Comité de la CEDAW es de 18 años.

En cuanto a derechos sexuales y reproductivos, se ha demostrado el impacto positivo de los programas de educación sexual para la prevención de ETS y embarazo adolescente. Dichos programas deben tener perspectiva de género y de derechos. Una revisión de 22 currículos de educación sexual en el mundo ha permitido observar que el 80% registran una reducción significativa de ambas problemáticas.[xxxiii]

Por otro lado, cubrir la necesidad insatisfecha de anticonceptivos para las adolescentes permitiría evitar cada año más de 2 millones de nacimientos no planificados y 5600 muertes maternas. El costo de intervenciones que garanticen el material necesario, la capacitación y supervisión de prestadores del servicio, la mejora de los sistemas de suministro y las actividades de información y comunicación para que las y los adolescentes accedan a anticonceptivos modernos, se calcula en apenas 21 dólares al año por persona.[xxxiv]

Una propuesta central que atraviesa el trabajo de Equidad para la infancia es que las intervenciones se planeen e implementen bajo una perspectiva de equidad. En este caso, la evidencia señala que las niñas viven mayores desventajas, sobre todo al tomar en cuenta condiciones de pobreza, pertenencia étnica, territorial o a grupos con mayores condiciones de vulnerabilidad como migración, discapacidades, entre otros.

Equidad para la infancia tiene el compromiso de alimentar con conocimiento, propuestas para mejorar el bienestar de la infancia. Como nuestros estudios a lo largo de América Latina lo han identificado, se requiere del enriquecimiento de las fuentes de información disponibles para el conocimiento suficiente de las problemáticas que enfrentan las niñas en su diversidad, de modo que se implementen soluciones certeras. Los logros alcanzados en el cierre de la brecha de género demuestran que, con el establecimiento de objetivos concretos y la medición y seguimiento de sus avances, puede alcanzarse la equidad. Es hacia allá a donde dirigimos nuestros esfuerzos.

 


Equidad para la Infancia, diciembre 2017. texto elaborado por Marina Freitez Diez y Verónica Bagnoli Fernández

[i] Red por los Derechos de la Infancia en México, La desigualdad de género comienza en la infancia Manual teórico-metodológico para transversalizar la perspectiva de género en la programación con enfoque sobre derechos de la infancia, Secretaría de Desarrollo Social, México. Disponible en:  http://derechosinfancia.org.mx/documentos/Manual_Desigualdad.pdf.

[ii] Francisco Moragón – Alcañiz concluye por otro lado que ese tipo de exclusiones también llevan a una vida de actividad física más ágil en los niños varones y una más sedentaria en las niñas. Francisco Moragón-Alcañiz y Vladimir Martínez-Bello (2015). Juegos de niñas y juegos de niños: Estudio sobre la representación del juego infantil a través del dibujo. Revista Educación 40(1), pp. 1-17. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=44043204001.

[iii] Sólo los Registros Civiles de Buenos Aires y de la Ciudad de México han reconocido la identidad de género de niñas trans.

[iv] En 1975 Falconnet y Lefaucheur realizaron uno de los primeros estudios de clasificación de juguetes de acuerdo al target de género, y sus conclusiones no han variado mucho en investigaciones más contemporáneas de autora/es, como Pérez – Ugena y Coromina, Martínez Pastor, Salas Martínez (2011), Ferrer (2007) o Martínez (2005) que muestran que la oferta actual es fundamentalmente la misma. Natalia Lumbreras Castellanos (2013). Estereotipos de género en los juguetes de los niños de educación primaria (Tesis de maestría). Facultad de Educación. Universidad de la Rioja, Logroño. En: https://reunir.unir.net/bitstream/handle/123456789/1830/2013_05_27_TFM_ESTUDIO_DEL_TRABAJO.pdf?sequence=1

[v] La sexualización consiste en un enfoque instrumental de la persona a partir de su percepción como objeto sexual, al margen de su dignidad y sus aspectos personales, según la definición del Parlamento Europeo. El Parlamento Europeo debatió sobre la sexualización de la infancia (sobre todo de las niñas) en el 2012.

[vi] Olga Carmona, “Los efectos de la hipersexualización: niñas convertidas en ‘Lolitas’” (2017), El país. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2017/05/30/mamas_papas/1496151116_106223.html.

[vii] Fernando González, No a la erotización infantil (Tesis de licenciatura) (2017), Universidad Católica de Colombia, Colombia. Disponible en: http://repository.ucatolica.edu.co/bitstream/10983/14415/1/NO%20A%20LA%20EROTIZACIÓN%20INFANTIL.pdf.

[viii] En general, América Latina logró reducir la tasa de defunción de los menores de cinco años de 54 a 18 por cada 1.000 nacidos vivos. CEPAL (2015). CEPAL: La región cumplió varias metas clave de los ODM, punto de partida para abordar la agenda 2030. En: https://www.cepal.org/es/comunicados/cepal-la-region-cumplio-varias-metas-clave-de-los-odm-punto-de-partida-para-abordar-la.

[ix] Las diferencias entre países dan cuenta de que la pobreza afecta al 77% de las niñas y adolescentes en Honduras —porcentaje levemente inferior que para los niños y adolescentes varones— y en Argentina su incidencia es del 7%. En cuanto a la distribución territorial, sin tomar en cuenta las inequidades intra-urbanas, la pobreza afecta al 54% de los hogares con niñas ubicados en áreas rurales y 34% en áreas urbanas. Datos para 2013, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de 18 países. (Catalina Céspedes y Claudia Robles, 2016. Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad. Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL. En: https://www.unicef.org/ecuador/Ninas_y_Adolescentes_en_America_Latina_y_el_Caribe_Web.pdf).

[x] Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad Comisión Económica para América Latina y el Caribe, pág. 32.

[xi] Rico y Trucco, 2014, en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

[xii] UNICEF (2017). UNICEF junto a todas las niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe, porque son fuerza de cambio. En: https://www.unicef.org/lac/media_37211.html.

[xiii] Telesur (2016). Feminicidio en América Latina. En: https://www.telesurtv.net/news/Crimenes-impunes-el-rastro-del-feminicidio-en-America-Latina-20160704-0009.html.

[xiv] UNICEF (2017). UNICEF junto a todas las niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe, porque son fuerza de cambio. En: https://www.unicef.org/lac/media_37211.html.

[xv] UNICEF 2014, en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad.

[xvi] Revista Forum (S/F) México: 821 niñas asesinadas en seis años. http://forumenlinea.com/nuevo/index.php/110-revistas/forum-en-linea-359/4292-mexico-821-ninas-asesinadas-en-seis-anos

[xvii] CEPAL, 2008, en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad.

[xviii] Alejandro Cruz Flores (2017).Feminicidios infantiles superan a los de mayores”, La jornada.  En: http://www.jornada.unam.mx/2017/02/09/capital/035n2cap.

[xix] OMS (2009), en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad.

[xx] Observatorio contra el Acoso Callejero (2014), en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad.

[xxi] La Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés, ONU, 1979) establece que el compromiso matrimonial y el matrimonio de una niña no deben tener efectos jurídicos.

[xxii] Datos correspondientes, en su mayoría, al año 2010. Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, pág. 29.

[xxiii] ONU, 2003, en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, pp. 27, 55 y 73.

[xxiv] Equivalente al 0,34% de la población de esa edad, con datos de 2010. Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, pág. 64.

[xxv] El País, 2016, Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, pp. 23 y 25.

[xxvi] Argentina, Chile, Perú y Venezuela tienen dicho requerimiento para acceder a condones y en Bolivia, México y Panamá se requiere de la compañía de un tutor para retirar los resultados del examen. ONUSIDA, UNFPA y UNICEF, 2015, en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad.

[xxvii] El Estado Plurinacional de Bolivia, Cuba, Guatemala, Panamá, el Perú y Venezuela declaran nulo el matrimonio de los hombres menores de 16 años y mujeres menores de 14 años. Ecuador, El Salvador y el Uruguay establecen como edad mínima para contraer matrimonio 14 años para los hombres y 12 para las mujeres; Honduras establece la edad mínima para casarse de 18 años para los varones y 16 años para las mujeres; Nicaragua establece 21 años como mínimo para los hombres y 18 años para las mujeres (15 años para el hombre y 14 años para la mujer con consentimiento de las personas legalmente a cargo); la República Dominica establece esta edad en 18 años para el hombre y 15 años para las mujeres. Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, pág. 48.

[xxviii] Es muy importante que los países eliminen los requisitos para el acceso a los anticonceptivos y la realización de pruebas de ETS, como el VIH, como contar con la autorización de sus tutores. Argentina, Chile, Perú y Venezuela tienen dicho requerimiento para acceder a condones y en el Bolivia, México y Panamá se requiere de la compañía de un tutor para retirar los resultados del examen (ONUSIDA, UNFPA y UNICEF, 2015). Como se indica en Fondo Mundial (2015), se estima que más del 80% de las nuevas infecciones de VIH que se registran en adolescentes, ocurren en mujeres. En Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

[xxix] PAHO, UNFPA, UNICEF (2017) Accelerating progress toward the reduction of adolescent pregnancy in Latin America and the Caribbean: Report of a technical consultation. http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/34493/9789275119761-eng.pdf?sequence=1&isAllowed=y&ua=1 Según el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de Derechos de las Mujeres (CLADEM) el número de partos de niñas menores de 15 años ha disminuido levemente en 8 de 15 países analizados: Argentina, Colombia, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú y Uruguay. CLADEM (2016) Jugar o parir. Embarazo infantil forzado en América Latina y el Caribe.  https://www.cladem.org/images/jugar_o_parir_digital.pdf

[xxx] Se estima que cada año, en la región, un 15% de todos los embarazos ocurre en adolescentes menores de 20 años, con una tasa de fecundidad adolescente que remonta los 66,5 nacimientos por 1 000 adolescentes de 15 a 19 años, llegando a 100,6 cada 100 mujeres en el período 2010-2015, frente a una tasa mundial de 46 nacimientos por 1 000 adolescentes en ese grupo etario. UNFPA (2018) Op. Cit..

[xxxi] Se dispone de escasos datos recientes sobre embarazo adolescente en la región, lo cual se agrava con prácticas de sub-declaración de las familias en encuestas y censos. Con esas salvedades, se sabe que 13% de las adolescentes entre 15 y 19 años y casi 60 mil niñas entre 10 y 14 años han sido madres en América Latina. Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad, Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

[xxxii] CLADEM (2016) Op. Cit.

[xxxiii] CEPAL (2016), en Catalina Céspedes y Claudia Robles (2016). Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. Deudas de igualdad.

[xxxiv] Darroch JE, Woog V, Bankole A, Ashford LS. Adding it up: cost and benefits of meeting the contraceptive needs of adolescents. Nueva York: Guttmacher Institute; 2016. http://www.guttmacher.org/fact-sheet/adding-it-meeting-contraceptive-needs-of-adolescents (Tomado de UNFPA, 2018. Op. Cit.)

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