Escolarización y comedores escolares. Desigualdades en niños y niñas en América Latina frente a la pandemia del Coronavirus.

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En este artículo, presentamos y analizamos cómo se configurarán las desigualdades en la formación en casa y los cambios en los comedores escolares, ante la pandemia del Coronavirus en América Latina, así como destacamos algunas recomendaciones y los aportes de Equity for Children para pensarnos y accionar en este nuevo contexto.

La llamada “cuarentena” que se ha dictado en buena parte de los países más afectados por el Coronavirus ha hecho que las familias deban recluirse y adoptar prácticas poco frecuentes. Si bien la modalidad de home office o formación a distancia está instalada en Occidente, la imposibilidad de que los niños y niñas asistan a clase interpela a la pedagogía habitualmente conocida y obliga a las familias a reasumir un mayor protagonismo en la formación de sus hijos e hijas. Lo que habitualmente se hace con poco tiempo y en paralelo a cualquier otra actividad hogareña, ahora se asume con mayor dedicación y, obligados por las circunstancias, echando mano a los dispositivos didácticos que se tengan para compensar las horas de formación curricular en la escuela.

Pero en Latinoamérica hoy la escuela cumple otra función, quizás hasta más esencial, a la que tradicionalmente ha desempeñado como garante de reproducción social y formación de ciudadanía. Consolidada desde hace años como ámbito de alimentación de NNyA que asisten a sus aulas, este renovado rol de la institución educativa nos interpela a considerar la relación entre educación y desigualdad social[i] (López, Néstor, 2006).

Una arista central la reviste el hecho de que la falta de seguridad alimentaria que afecta a buena parte de las familias que destinan mayor proporción de su ingreso a la compra de alimentos encuentra a los establecimientos educativos, entre otras instituciones, como ámbitos donde los más jóvenes aseguran su alimentación. Los niños y niñas entonces ya no concurren a la escuela solo para formarse: lo hacen para poder consumir las calorías necesarias que permitan el óptimo despliegue de sus capacidades físicas, fisiológicas y mentales. Si el hambre es vacío y dolor de panza[ii], con dolor no se puede estudiar.

En este marco, analizaremos estos aspectos situados en el escenario de emergencia de la pandemia del Coronavirus que afecta a todo el mundo pero que en Latinoamérica alcanza ribetes más dramáticos, todavía no tanto por la cantidad de afectados que se registran en toda la región en relación a otras del mundo, sino por las consecuencias que las medidas preventivas que adoptan los gobiernos pueden tener en los sectores más vulnerables si los Estados no dan respuestas rápidas y no los asumen como prioridad de agenda. Asimismo, este proceso nos obliga a un compromiso humanitario de cuidarnos entre todos y todas, especialmente a las infancias y las adolescencias más afectadas por la desigualdad.

Las desigualdades en los puntos de partida para la formación en casa

Las trayectorias educativas de NNyA en todo el mundo transcurren principalmente en las escuelas, y las familias cumplen un rol importante pero subsidiario en la formación curricular. Apuntalar a hijos e hijas en edad escolar es imprescindible, contener y acompañar esos recorridos resulta indispensable a la hora de asimilar contenidos, pero el espacio áulico delimita el escenario donde NNyA se forman y aprenden.

El brote de Coronavirus que obligó a suspender las clases implica un nuevo desafío para las familias: asumir esa prioridad en el seno hogareño y ser los padres quienes conducen el proceso de formación pedagógica y curricular de sus hijos.

En buena parte de los países que han suspendido las clases. se están lanzando planes de contingencia que buscan apuntalar la labor de los padres. Así, hay escuelas que envían material o tareas para que NNyA tengan el menor impacto posible, y también los Estados facilitan la difusión de programas educativos o aplicaciones digitales para complementar esa labor y abastecer a los padres de herramientas didácticas que colaboren en ese sentido.

Para acompañar este proceso, diversas organizaciones internacionales como la UNICEF, la OMS y + CIFRC han elaborado un conjunto de  mensajes y acciones importantes para la prevención y el control del COVID-19 en las escuelas y otros centros educativos, así como para los progenitores, cuidadores y miembros de la comunidad, estudiantes y niños/as.

Este cambio en curso ya de por sí implica una estratificación social lógica: si los aparatos electrónicos son el vehículo que comunica a los docentes con sus alumnos, o a éstos con los contenidos didácticos básicos para aprender, los hogares sin acceso a internet o sin la más elemental infraestructura tecnológica disponible quedan aislados durante el tiempo que implique la suspensión preventiva de clases. O, aun reuniendo estas condiciones, aquellos niños y niñas que no tienen un acompañamiento familiar para apuntalar su formación mientras no puedan asistir al aula (sea por desconocimiento sobre la adecuada manipulación de estas herramientas o por cualquier otro motivo) pueden encontrar limitaciones en su proceso de formación, lo que inevitablemente redundará en una asimilación de contenidos más deficitaria frente a otros estudiantes del mismo nivel de escolarización. En otras palabras, la brecha digital que impone desigualdades de acceso (por falta de equipamiento o problemas de conectividad) o de capacitación en el uso de estos instrumentos (en general las generaciones más grandes manifiestan más restricciones operativas que las más jóvenes) son ya un limitante para equiparar la formación curricular entre todos los NNyA que continúen estudiando en sus casas.

De este modo, si la alfabetización digital es al siglo XXI lo que el proceso de alfabetización fue al siglo XIX, como bien postula Juan Carlos Tedesco (2012)[iii], con la pandemia de Coronavirus estas brechas se amplifican, siendo indispensable la intervención de los Estados en el marco de un proceso de creciente familiarización de los cuidados (Martínez Rodriguez, 2008)[iv]. 

Es por eso que los Estados están intentando tomar medidas para amortiguar estas tensiones, pero con suerte dispar y por periodos de tiempo que aún resultan inciertos, más allá de las fechas establecidas al momento. Parece claro que la manera en que se ha precipitado toda esta situación no puede compensar en días la ausencia de iniciativas de fondo de años, o que hayan sido discontinuadas al calor del paso de gobiernos con otras prioridades. En Argentina, por ejemplo, han existido políticas de inclusión digital, de extensión de fibra óptica y de formación docente en el manejo de herramientas de este tipo, aunque siempre más focalizadas en zonas urbanas. Frente a la pandemia, el Gobierno dispuso acompañar los procesos educativos con modalidad virtual durante el período de suspensión de las clases. El plan se denomina “Seguimos educando” e incluye programas, entrevistas y otros recursos didácticos para colaborar con las condiciones de enseñanza en el sistema educativo nacional. En Chile se hizo lo propio y se anunció que el Ministerio de Educación pondría a disposición, tanto de los municipios como de las universidades y los recintos escolares privados, una plataforma tecnológica “Aprendo en línea” para seguir impartiendo educación a distancia. Ecuador, que fue uno de los primeros países en la región afectados por el brote del COVID-19, decidió la suspensión de clases a todo nivel durante un lapso determinado, y en paralelo promovió aulas virtuales de educación básica para acompañar a las familias en el proceso de formación de sus hijos e hijas.

La hoja de ruta parece ser la misma en todos los casos. Los Estados van monitoreando la proliferación del virus y deciden suspender las clases, entre otras medidas preventivas, para evitar aglomeraciones de personas que sean propagadoras de la infección. Naturalmente que eso implica un efecto en cadena de otras decisiones, como, por ejemplo, dispensar a los trabajadores/as de sus obligaciones laborales para que puedan asumir tiempos de cuidado. Allí se produce una segunda estratificación entre los sectores con ingresos medios o altos y empleos formales que les cubren esos cuidados[v], y otros ligados a circuitos de trabajo informal donde esas obligaciones no son reconocidas. La falta entonces de remuneración para los tiempos de cuidado incide negativamente en el tiempo que esos padres pueden dedicar a la formación de sus hijos e hijas porque la prioridad para esos progenitores pasa por garantizar el sustento diario. De esta manera, parece inevitable que familias con tiempos de cuidado remunerados y aquellas con tiempo de cuidado no reconocido tengan una aproximación a la formación de sus hijos e hijas muy dispar mientras dure la suspensión de clases.

Siendo los hogares quienes asumen el desafío de la escolarización de NNyA, se imponen entonces una serie de estrategias de las familias donde no solamente se intente cumplir con el proceso de formación sino que además se concientice sobre la pandemia y sus modos de contagio.

Hay una agenda que podríamos diferenciar en dos niveles. La más propia de las familias en esta etapa está relacionada con aquellos niños y niñas que pueden continuar educándose con acompañamiento de sus padres siguiendo las pautas que las entidades educativas les pueden brindar. En ese sentido, una opción plausible es intentar equiparar los horarios de estudio con los de la escuela. Si el tiempo neto de estudio de un niño o niña en edad escolar son de dos a tres horas, según el caso, lo importante es poder lograr cierta correspondencia entre el tiempo de duración de las tareas y el momento del día en que ellos concurren a clase. Transcurrido ese horario, o respetándolo pero en otra franja horaria, puede resultarles tedioso y aburrido.

Los comedores escolares

Como decíamos anteriormente, en Latinoamérica muchos establecimientos educativos funcionan como comedores donde los niños y niñas cubren buena parte de su alimentación diaria. Según la ONU[vi], 85 millones de alumnos en América Latina y el Caribe acuden a estos lugares, y para 10 millones de ellos estos sustentos son los más importantes que reciben en el día. El llamamiento que hace el organismo internacional para garantizarlos está siendo implementado por los distintos países, de modo que el aislamiento no afecte la normal nutrición de los más necesitados. En ese sentido, el gobierno argentino ha anunciado muy recientemente un operativo especial de distribución de alimentos y un cambio en la modalidad de la tarjeta alimentaria que se distribuye entre los más vulnerables y que les permite comprar alimentos y bebidas sin alcohol. En un comunicado reciente, el Ministerio de Desarrollo Social de ese país aseguró que en términos generales hay 8 millones de personas que reciben asistencia alimentaria en Argentina, de las cuales 3 millones son menores que comen en escuelas y otros en merenderos. Se resolvió entonces la ampliación de partidas presupuestarias destinadas a montar dispositivos de reparto de bolsones de alimentos procurando el distanciamiento social necesario para que esta organización no se resienta y pueda garantizarse[vii].   

El de Brasil es el segundo programa de alimentación escolar más grande del mundo después del de India, en consonancia con los enormes niveles de desigualdad que afronta ese país[viii]. Allí, las escuelas también funcionan como formadores de hábitos alimenticios dada la incidencia y extensión que tienen en todo el territorio. El gobierno ha garantizado el funcionamiento de estos centros para no resentir la alimentación de toda esa cantidad de niños y niñas que asisten diariamente, aunque por el momento allí la suspensión de clases ha sido focalizada solo en algunas regiones. En el otro extremo, Uruguay, que es el país más igualitario, dispuso la interrupción de clases e indicó que los comedores escolares también se suspenderían, pero que el Gobierno garantizaría la provisión de alimentos y que se montaría un esquema para abastecer a niños y niñas que requieran de asistencia alimentaria mientras duren las medidas preventivas[ix].

El principal desafío para los países de la región donde NNyA se alimentan en establecimientos educativos es entonces minimizar el impacto que la inasistencia a clase puede generar en la ingesta de alimentación diaria de estos niños. Se sabe que la lucha contra el hambre es indispensable para desarrollar capacidades cognitivas que permitan asimilar conocimientos. El efecto que las medidas preventivas por el Coronavirus están teniendo en los niños y niñas en ese sentido es diverso: lo que para los sectores medios y medios altos significa no poder asumir el tiempo de cuidado y delegar en la escuela el espacio y entorno de alimentación de sus hijos e hijas, en el caso de los sectores más empobrecidos no hay más opción que recurrir a las escuelas para garantizar el sustento o parte del sustento diario de sus hijos. Las consecuencias que esta brecha puede tener hoy puede tener efectos desbastadores si no se toman recaudos suficientes: mientras los NNyA de los sectores más pudientes podrán continuar alimentándose durante el aislamiento, los pobres dependerán de que no se los desatienda en la agenda de políticas a desplegar dentro del marco de la emergencia sanitaria que están declarando la mayoría de los países de la región.

En ese sentido, la FAO ha enunciado una serie de recomendaciones frente a la pandemia, tal como puede verse la ilustración siguiente.

Recomendaciones de la FAO frente a la pandemia del Coronavirus:
· Distribución de alimentos a las familias con mayor vulnerabilidad, con horarios de entrega precisos y estipulados previamente[x].
· Incrementar la asignación económica de los programas de protección social (como los de transferencias de ingresos) en un monto correspondiente al costo de las raciones de alimentos entregadas por los programas de alimentación escolar.
· Entrega de raciones de alimentos de emergencia a nivel de las comunidades y territorios más vulnerables en coordinación con organismos autorizados por el Gobierno o la cooperación internacional.
· Exoneración de impuestos a alimentos de primera necesidad para familias con hijos en edad escolar, especialmente para trabajadores de los sectores económicos más afectados.
· Entrega a domicilio de alimentos frescos, si es posible de la agricultura local[xi].
· Redistribución de los alimentos de los programas de alimentación escolar mediante donaciones a entidades encargadas de dar asistencia alimentaria (como bancos de alimentos, organizaciones sociales, iglesias, clubes de barrio, etc) durante la fase de respuesta a la emergencia.
· Uso de instrumentos digitales (aplicaciones georreferenciadas) para mejorar la comunicación sobre puntos de acceso a entregas de alimentos, horarios de distribución y recomendaciones de buen uso.

Fuente: Información disponible en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, http://www.fao.org/home/es/

En la región todavía se están delimitando los alcances del Coronavirus, y los gobiernos van tomando medidas que logren aislar los casos confirmados y evitar lo más posible su propagación. Lo que puede observarse hasta ahora es que, en mayor o menor medida, se van cumpliendo los hitos preventivos que recomienda la OMS en función del grado de penetración de la pandemia registrado para cada caso. De aquí en más, se impone el desafío de ser proactivos en la contención de los sectores más afectados por las iniciativas de aislamiento y cuarentena. Los hijos e hijas de los más damnificados por la inequidad distributiva deben ser prioridad en las agendas a desplegarse en los próximos meses. Las capacidades del Estado en lo inmediato en Latinoamérica deben estar puestas en lograr amalgamar lo más posible las indicaciones generales para disuadir la pandemia con las iniciativas tendientes a actuar inmediatamente sobre los sectores más afectados por dichas medidas, que son los que menos tiempo tienen para resistir la inevitable caída en la actividad y el estancamiento económico que se viene.

¿Qué hacemos desde Equidad para la Infancia frente a la pandemia del Coronavirus?

Ante la delicada situación que se está viviendo en el mundo, hemos configurado una coalición entre Equidad para la Infancia, Plan International, SPRI, OECD, Bristol University, World Vision, Save the Children y UNICEF orientada a concientizar, incidir y generar evidencia sobre cuál será el impacto de la crisis en los niños y las niñas que viven en la pobreza, así como promover prácticas y políticas de protección y cuidado de las infancias y adolescencias.

En particular, desde Equidad para la Infancia trabajaremos en difundir guías sobre educación y habilidades de afrontamiento, explorando una serie de videos sobre las habilidades que en este sentido asuman las familias; y desplegando un enfoque específico para América Latina en pos de plantear estas temáticas en el 4º taller mundial ATD pospuesto para noviembre.

Entre otras acciones, conjuntamente se trabaja en destacar (i) el papel de la protección social en la respuesta a las crisis; (ii) el mapeo de los impactos de la crisis en la pobreza infantil y los niños / familias vulnerables a la pobreza, multidimensional y monetaria; (iii) las recomendaciones programáticas y mensajes clave (sobre el impacto de COVID-19 en los medios de vida) dirigidos a los gobiernos, el sector privado y las Organizaciones de la Sociedad Civil; (iv) la expansión del trabajo existente sobre las niñas en crisis, dado que las niñas experimentan una creciente pérdida de control en sus vidas y una mayor desinformación y abuso y explotación en línea;  y (v) el análisis del impacto del sistema educativo, en términos de cierre de escuelas, también considerando la incidencia de género de la crisis. Asimismo, son centrales intervenciones que aborden el empoderamiento económico de las adolescentes, así como la atención no remunerada y carga doméstica para las mujeres jóvenes. Debe notarse que la mayoría de las trabajadoras de atención son mujeres, en primera línea, que afectan a sus familias y a sus hijas/os.

Equidad para la Infancia, marzo, 2020. texto elaborado por Roxana Mazzola.

Referencias

[i] Se recomienda la publicación de López, Néstor (2006). Educación y desigualdad social. Buenos Aires: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. Disponible en http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL005384.pdf

[ii] Según la FAO el hambre es una sensación física incómoda o dolorosa, causada por un consumo insuficiente de energía alimentaria. Se vuelve crónica cuando la persona no consume una cantidad suficiente de calorías (energía alimentaria) de forma regular para llevar una vida normal, activa y saludable. Ver más en FAO http://www.fao.org/hunger/es/.

[iii] Tedesco, Juan Carlos (2012). “Una computadora por alumno”. En serie “Especiales del mes” de la Red Latinoamericana de Portales Educativos (RELPE), OEI.

[iv] Martínez Franzoni, Juliana (2008). ¿Arañando bienestar? Trabajo remunerado, protección social y familias en América Central. Buenos Aires: CLACSO. Disponible en http://biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D1179.dir/bienestar.pdf

[v] Puede verse más en http://equidadparalainfancia.org/2020/03/infancias-y-cuidados-en-vistas-al-8m-dia-internacional-de-la-mujer/

[vi]  “El cierre de los comedores escolares por el Coronavirus, un desafío para la alimentación en América Latina”, disponible en https://news.un.org/es/story/2020/03/1471332. 18 de marzo de 2020.

[vii] “Amplían la política alimentaria ante la cuarentena por el Coronavirus”, comunicado del Ministerio de Desarrollo Social de la República Argentina, 20 de marzo de 2020. Disponible en https://www.argentina.gob.ar/noticias/amplian-la-politica-alimentaria-ante-la-cuarentena-por-el-coronavirus

[viii] Según datos del Banco Mundial, Brasil es el país de Latinoamérica que presenta mayores niveles de desigualdad medida por ingreso, registrando más de cuatro años consecutivos de desmejoras. Ver https://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI

[ix] Diario El País, 21 de marzo de 2020. Disponible en https://www.elpais.com.uy/informacion/politica/cifra-infectados-virus-trepa-gobierno-pide-quedarse-casa-posible.html

[x] La identificación de los sectores con mayor vulnerabilidad dependerá en buena medida de los datos con que cada país cuente como para cuantificar y georreferenciar esas poblaciones. Se supone que todos tienen bien identificadas las localidades con mayores niveles de pobreza y se opera con criterios de estratificación objetivos, pero en ese marco habrá que tener la capacidad suficiente para cruzar los datos entre personas que ya reciban algún tipo de asistencia estatal y así actuar preferentemente sobre aquellos que no reciben cobertura alguna, en tanto parece claro que la merma de la actividad económica a consecuencia de la cuarentena los afectará inmediatamente. En ese sentido, resultará fundamental para el éxito de estas iniciativas contar con bases estadísticas claras como para actuar focalizada y rápidamente, donde el entrecruzamiento de datos entre diferentes ministerios, así como la coordinación institucional que logre operativizarse para el despliegue en territorio, explicarán en gran medida el éxito y pronto alcance de estas iniciativas.

[xi] En Brasil, la agricultura local tiene mucha conexión con la provisión de alimentos para las escuelas. No es ese el caso de Argentina, de Uruguay y de buena parte de los países donde la agricultura familiar todavía no tiene extensión ni círculo de comercialización lo suficientemente extendido como para abastecer a los comedores donde NNyA concurren a diario.

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